Rumbo al sur: Mi camino hacia Pompeya. Dias 1 y 2

Día 1

Ayer comencé mi viaje. Bajé desde Florencia hasta Roma en coche acompañado por mi colega y amiga la doctoranda Sara Lenzi, que hace una tesis sobre la policromía en la Antigüedad. Habíamos quedado con Chiara Leporati, otra amiga arqueóloga en el Istituto Archeologico Germanico, pero por falta de tiempo no pude ir hasta allí. A las dos llegué a la facultad de letras de la Universidad de Roma 3, donde mi gran amigo, Luca Desibio defendió su tesis de fin de carrera y recibió la distinción de Cum Laude.

Desde allí tuve que atravesar Roma entera para llegar a la British School, donde había quedado con la profesora Amanda Claridge, con la que intento empezar la cotutela de mi tesis doctoral con el Royal Holloway College de la Universidad de Londres. Al poco tiempo llegó Paolo Liverani, el director de mi tesis en la Universidad de Florencia y me presentaron al director de la British School of Rome que muy amablemente se ofreció a ayudarme con el tema de la cotutela con Londres.

Amanda Claridge presentó una conferencia interesantísima sobre la Columna Trajana y el perdido Templo del Divo Trajano. Tras esto me encontré con el arqueólogo Giovanni Ricci, una de las personas a las que tengo que agradecer la posibilidad de trabajar en Italia, pues gracias a su trabajo, y a su disponibilidad pude empezar a trabajar en mi tesis.

Día 2

Hoy ha sido un día que jamás olvidaré. Por la mañana he quedado con Amanda Claridge, obviamente en la columna Trajana (haciendo honor a su trabajo) para hablar de mi proyecto. Llevábamos poco tiempo hablando, cuando por casualidad hemos visto aparecer a Roberto Meneghini. A vosotros, si no sois arqueólogos especializados en Roma el nombre no os dirá mucho, pero he de decir que es una de las figuras más importantes que han estudiado el Foro de Trajano. De hecho, en la bibliografía de mi tesis es el autor que más artículos tiene. En fin, un pez gordo.

Nos hemos presentado, y después de un poco nos ha pedido acompañarle a ver unas cosas dentro del Foro de Trajano.

En cuanto hemos bajado a la base de la columna he sentido un subidón de adrenalina enorme. Casi me emociono. Llevo estudiando el foro casi un año y medio y por fin he conseguido tocarlo. Hacerlo además acompañando a Amanda Claridge y Roberto Meneghini es algo así como bajar al césped del Santiago Bernabeu con Messi y Cristiano Ronaldo la noche antes de una final entre el Real Madrid y el Barcelona. Dos formas muy diferentes de ver el foro, pero muy importantes ambas.

En el foro hemos estado discutiendo algunos aspectos, y después de un rato me he quedado con Amanda tomando algunas medidas de las columnas y fotografiando algunos detalles. Por desgracia yo solo he podido hacer algunas fotos y videos con el teléfono… Y lo peor es que había dejado en el coche tres cámaras de fotos, pero en fin, menos es nada.

Luego hemos ido a la renovada plaza de San Silvestro a comentar algunas cosas de mi proyecto y me ha propuesto trabajar con ella en una excavación que hará en octubre.

A la una he ido a recoger a Álvaro a la estación de Termini, y después de comer hemos tomado de nuevo rumbo al sur. Finalmente, después de tantos años en Italia he conseguido bajar por debajo de Roma. Hemos atravesado toda la Ciociaria hasta llegar a Campania y a Nápoles. La impresión de Nápoles ha sido muy curiosa. Edificios muy feos, casi salidos de una película de Almodóvar, con sus tendederos de bragas. No hemos entrado aún hasta el centro, pero según hemos podido apreciar desde la autopista, es una especie de polígono inmenso poblado por un gran número de canis y mujeres preciosas. Tengo que decir que el tráfico de momento no me ha sorprendido tanto como pensaba, pero quizás en el centro de la ciudad es distinto. Basta imaginar que estás en una carrera de coches locos. Corres y adelantas por la derecha o por la izquierda, sin poner el intermitente. Eso son solo mariconadas. La verdad es que ha sido gracioso entrar en Nápoles cantando O’ sole mio y Funiculì funiculà.

Nos hemos desviado por Herculano para venir hasta el hotel donde nos alojamos. Al entrar en la ciudad la impresión ha sido muy fuerte. Al principio teníamos mucha desconfianza. Hasta de los niños.

Casi sin querer hemos empezado a subir por las faldas del Vesuvio, y hemos llegado al hotel. La impresión externa de la estructura no ha sido gran cosa, daba hasta miedo entrar, sin embargo, apenas hemos empezado a hablar con el recepcionista nuestra concepción del mundo napolitano ha cambiado completamente. Siempre he sabido que son gente muy simpática, pero quizás tenemos cierta desconfianza porque solo escuchamos las cosas malas que hay en Nápoles y por desgracia no se hacen sentir las cosas más bellas. Nada más llegar nos han hecho sentir como en casa. Nos han ofrecido un buen café y nos ha mostrado la habitación. Sorprendentemente limpia en comparación con el exterior del edificio. Parece todo muy tranquilo y desde la ventana hay unas vistas del Golfo de Nápoles impresionantes. Además tiene algo que no habíamos visto nunca. Un baño en el que la alcachofa de la ducha está justo enfrente del inodoro, de manera que puedes ducharte y defecar simultáneamente. Lo más gracioso ha sido cuando me he presentado en el baño mientras Álvaro se secaba las manos, encapuchado y navaja en mano y casi le da un infarto del susto que le he metido. Hemos dejado las cosas en la habitación y enseguida hemos querido ver el Vesuvio.

No veía la hora de empezar a conducir por el volcán. Nos hemos metido por todos los caminos posibles. Al principio hemos llegado hasta el Osservatorio Vesuviano, un centro volcanológico y sismológico muy importante pero no hemos podido pasar. Sin embargo, al lado hemos encontrado un edificio salido del mismísimo Resident Evil. Abundan por las faldas del volcán las construcciones abandonadas. Hemos llegado hasta la mismísima base de la montaña, pasando por coladas de lava y acumulaciones de piroclastos. Parece imposible imaginar tal mole de tierra escupiendo lava y tragándose poblaciones enteras como hizo en el año 79 cuando sepultó la ciudad de Pompeya.

Al llegar nos hemos encontrado cerrada la entrada que sube hasta el cráter, pero hemos aprovechado para echar algunas fotos hasta que ha empezado a llover.

A medida que bajábamos hemos empezado a ver que caía poco a poco la noche y hemos decidido parar un par de veces a hacer fotografías nocturnas del golfo y la ciudad aunque la lluvia ha dificultado bastante las tomas.

Después hemos bajado hasta Torre del Greco, un municipio situado entre Herculano y Pompeya. Hemos estado dando un paseo por la ciudad después de aparcar el coche en el centro. He tenido otro choque cultural. Parecía que por un momento he vuelto a Andalucía. Iglesias barrocas que podrían estar en algún barrio de Guadix. Lo único que estropeaba la bonita estampa ha sido la acumulación de basura (que por desgracia ha hecho famosa a Nápoles en todo el mundo). Hemos ido a comer a una pizzería, como bien manda la tradición. Aquí inventaron la pizza y cuando te tomas el primer bocado es como un ingrediente más. Tienen el ingrediente secreto. Una pizza margherita, una diavola y cuatro bebidas, 10,50€. Sencillamente increíble, sobretodo cuando además te tomas una de las mejores pizzas de tu vida.

Al volver al hotel hemos entrado en la recepción y allí estaban los trabajadores del hotel. Todos bastante jóvenes y muy simpáticos. Nos han invitado a un ron guatemalteco de por lo menos 50€ la botella, tan suave que se te deshacía en la boca y te dejaba un aroma digno de un gran beso.

Finalmente hemos vuelto a la habitación a descansar, porque mañana, si el día lo permite subiremos a ver el cráter del volcán… y si no pues iremos a ver mi tan ansiada Pompeya a evocar la erupción del 79, los antiguos romanos y un poquito a los Pink Floyd… pero esa historia ya la contaré cuando llegue la hora.

Herculano 5 de abril de 2012

Galería Fotográfica:

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Acerca de constriktor

Soy un arqueólogo granadino que trabaja de investigador en la Universidad de Florencia haciendo una tesis doctoral sobre una excavación arqueológica en el centro de Roma. Además soy un amante de la buena música, de vez en cuando me dedico a componer, toco la guitarra, la batería y el bajo, e intento hacer sonar cualquier instrumento a mi disposición. La fotografía es otra de mis grandes (y numerosas) pasiones. Suelo tener una opinión casi sobre cualquier tema y a pesar de ello paso la mayor parte del tiempo escuchando lo que la gente quiere contarme porque siempre hay cosas nuevas que aprender.

Publicado el 9 de abril de 2012 en Arqueología, Viajes y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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