Video sobre Atenas y agradecimientos

Hace ya dos dias que volví de mi viaje a Atenas. Prometí subir un video que grabé en varios puntos de la ciudad durante mi estancia. Ayer lo monté pero el cansancio no me permitió seguir despierto y subirlo al blog. Ahora me pongo en plan sentimental.

Hay muchas personas a las que me gustaría dedicar este video, la mayoría no lo verán. Antes de nada me gustaría agradecer a mis padres la oportunidad que me han dado de conocer Atenas. Fueron ellos quienes me pagaron el billete de avión como regalo de Reyes, y como poco les debo un agradecimiento. A mi hermano, que tanto echo de menos y de quién me acordé en muchas ocasiones mientras estaba en Atenas. A mis grandísimas amigas florentinas Elisa Bazzechi y Caterina Parigi que me hablaron por primera vez de la Scuola Archeologia Italiana ad Atene, y sobretodo a Elisa que me ayudó a redescubrir y amar el mundo clásico durante mi año de Erasmus en Florencia. También se lo agradezco a mi profesor referente Paolo Liverani que me anima cada día a seguir investigando. A Alberto Casado, que ha seguido cada día con mucha atención cada palabra que he escrito en el blog y por los consejos que me dio sobre Atenas. A los investigadores que conocí en la Scuola y que tras pocas horas después de conocernos ya me consideraban uno más del grupo, a todos los griegos que conozco y, en fin, a todos los que leéis mi blog y me animais a que siga escribiendo y contando mis experiencias.

Un saludo desde Florencia

ad dies Idus Martii MMXII.

Anuncios

Atenas-Roma-Florencia en un día

Esta mañana mi periplo griego ha llegado a su fin. Tristemente he tenido que dejar mi paseo matinal por las faldas del Acrópolis al que en una semana ya casi me había acostumbrado. No has sido un adiós, solo le he dicho un hasta luego.

Me parece que ha pasado un siglo desde que el martes  de la semana pasada salí del metro buscando la Scuola de Archeologia Italiana ad Atene y me topé de frente, sin querer-queriendo, con la magnífica vista del templo de Atenea Parthenos sobre el Acrópolis y sin poder evitarlo se me saltaron dos lágrimas. Es uno de esos momentos que llevas esperando toda tu vida, y que sabes que antes o después llegará. Desde muy pequeño sabía de la existencia del Parthenon, aunque no recuerdo precisamente el momento en que oí hablar por primera vez de ese monumental templo de la Antigüedad. Nunca he estudiado demasiado, pero tengo una cierta habilidad desde pequeño para quedarme con ciertos detalles que a la mayoría de mis allegados les resultan de poca importancia. No por casualidad aprendí a leer fijándome en las marcas de los coches y leyendo los carteles de las carreteras. Recuerdo que a mi padre le hacía frenar antes de llegar a un cartel para que me diese tiempo a leerlo. Lee el resto de esta entrada

Atenas, Días 6 y 7: Despidiéndome de los helenos

Atenas, Dia 5: Παβερνοσματαο

Atenas, Dia 4: Acrópolis S.A.

Atenas Dia 3: Socializando, que es gerundio

Atenas, Dia 2: Dolor de piés

Atenas, Dia 1: Una razza, una fazza

Qué pequeño es el mundo doctor Jones…

Ésta escena (desde el minuto 11:25) siempre me ha dado que pensar, es como una alegoría a la arqueología. Empieza con una frase que resume el pequeño mundo en el que nos movemos los arqueólogos, y que dá el título a esta entrada. Acabo de volver de un congreso sobre la arqueología del Mediterráneo que se ha realizado aquí en Florencia. Lee el resto de esta entrada

Yo y la música. Parte I

Creo que hay dos cosas en las que pienso cada día de mi vida. Una de ellas es la música, la otra, quien no pueda imaginársela es que probablemente no me conozca lo suficiente, pero ya os la contaré algún futuro artículo.

Algún dia debería preguntarle a mis padres cual fue la primera canción que me hicieron escuchar, aunque muy probablemente fuese o música clásica o rock de los ’60 o ’70. El caso es que uno de mis primeros recuerdos es estar viendo un concierto de Joe Cocker sentado delante de la televisión con un cubo blanco más grande que yo al que golpeaba a modo de batería. Mi familia me ha contado mil veces que la única forma de hacerme callar cuando empezaba a llorar era ponerme el disco de Joe Cocker.

De un modo quasi inconsciente fui adquiriendo mi gusto por la buena música. De eso se encargó mi padre. A él le debo por lo menos la mitad de la vida, pero el trabajo que hizo (y aún hace) para educarnos musicalmente a mi y a mi hermano es algo que no tiene precio, y algo que intentaré repetir si algún dia tengo la fortuna de ser padre. Lee el resto de esta entrada

A %d blogueros les gusta esto: